Las mejores playas de Faro

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A pesar de los miles de turistas que, año tras año, aterrizan al sur de Portugal, todavía quedan muchos rincones solitarios en la región del Algarve. Entre esos pequeños paraísos se encuentran las maravillosas playas de Faro. Hoy nos adentraremos en este remanso de paz, donde merece realmente la pena perderse.

De ruta por las mejores playas de Faro

Faro es la puerta de entrada al Algarve y su capital. También delimita el turismo masivo de Lagos, Albufeira y Portimao de las joyas salvajes y auténticas aún sin explotar de la punta este portuguesa. La peculiar geografía de la zona, donde el mar se junta con la Ría Formosa, ha creado un laberinto de canales, islas, marismas y bancos de arena que conforman un paisaje fascinante. Entre lagunas, estuarios y el océano Atlántico, las playas de Faro, rodeadas de entornos naturales protegidos, son belleza pura.

Las playas de Faro se caracterizan por sus largas franjas de arena dorada y suave. Y por sus aguas, las más cálidas del país, que van desde el azul turquesa más transparente hasta el añil más profundo. Sin duda, son tranquilas pero hay días que se levantan olas buenísimas para los amantes del ‘windsurf’, del ‘kitesurf’ o del paravelismo. Así que, si bien este rincón del litoral portugués invita a la relajación, también podrás disfrutar de unas vacaciones muy activas.

Playa de Faro

La playa de Faro se extiende a lo largo de los casi cinco kilómetros que bordean la isla del mismo nombre. Es uno de los arenales más populares del Algarve. Puedes acceder fácilmente a él en coche cruzando un largo puente que atraviesa el parque natural de la Ría. Una inmensa sucesión de dunas se mezcla con canales e islotes en una zona con un encanto irresistible. Entre las playas de Faro, esta disfruta especialmente de un oleaje regular durante todo el año, convirtiéndose en un rincón muy seductor para los surfistas. Atrévete con el piragüismo (nivel básico) y no te marches sin deleitarte con un arroz de lingueirão’(con las exquisitas navajas típicas de la región).


Playa de la Isla de Culatra

De la gran galaxia que forman las playas de Faro, el arenal principal de la Isla de Culatra resulta del todo excepcional. Y es que sus visitantes son, en su mayoría, portugueses; las aglomeraciones son un fenómeno inexistente y te podrás bañar en aguas saladas y dulces a la vez. Además, el islote está habitado por pescadores y cuenta tan solo con unos 750 habitantes. No hay experiencia más genuina. A Culatra se llega exclusivamente en barco, y sus aguas, limpísimas y cristalinas, son ideales para practicar esnórquel. Aunque contemplar el atardecer desde sus arenas sedosas es imperativo, asegúrate de que no se te escape el último ferri de vuelta.


Playa de Barreta

En los dominios de Faro encontramos una isla, llamada Barreta, en la que no hay nada. Solo verás el mar, tremendamente apacible y transparente, arena dorada y muy pocos humanos, la mayoría de ellos dedicados a la observación de aves y moluscos. Porque ‘Ilha Deserta’, como también se la conoce, es, literalmente, una isla desierta, sembrada de la naturaleza más salvaje. Porque el escaso turismo que acude lo hace por su aura de santuario al que poder escapar del ruido y de la furia urbanos. Indudablemente, es una de las playas de Faro que no te puedes perder. Únicamente podrás visitarla en barco. Acuérdate de llevarte comida y bebida, ya que en estos siete kilómetros de arena y bancos de pantanos no hay ni servicios ni infraestructuras.

Playa de Ancão 

Al contrario de Barreta, la playa de Ancão cuenta con buenos accesos en coche y a pie, bares y restaurantes, duchas y aseos, socorristas y todas las comodidades posibles. Está ubicada en el Triángulo Dorado de Faro, que incluye algunos de los complejos turísticos más exclusivos de la zona. Pese a ello, se las arregla para permanecer inmune a las multitudes, a diferencia de la mayor parte del litoral algarvío. Se trata, por tanto, de una de las playas de Faro más emblemáticas. Sus aguas son plácidas e invitan a la práctica del ‘paddle surf’ o a navegar en kayak. No te pierdas la oportunidad de probar las mejores 'Bolas de Berlim' (rosquillas portuguesas) del país, pues se venden allí.


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